Lieven y cómo empezó todo (parte 2)

Uno nunca olvida su primera guitarra. La mía era de madera vieja, y sus cuerdas duras hacían sangrar mis dedos blandos. Me la había prestado mi cuñado, el de la cinta mágica unos años antes (léete la primera parte de este cuento para entenderlo). Pero la guitarra y yo nos entendíamos poco. Demasiado dolor, demasiada sangre. Mi carrera como guitarrista parecía morir una muerte lenta, hasta que un día puse MTV. Siempre me había encantado Nirvana. Su ruido reflejaba perfectamente el laberinto de mi mente adolescente. Por eso me senté en el sofá algo escéptico… Nirvana unplugged?? Sin ruido?? Empezó el concierto con los dos acordes de “About a Girl”, justamente los dos que mejor me salían y sin demasiado dolor. Recuerdo poco de la hora que siguió. Solo que nunca había visto ni escuchado algo así. Así de rudo sin ruido. Así de honesto. Y sí, así de doloroso. De alguna manera el dolor de Kurt Cobain en “My girl, where did you sleep last night?” llegó a lo más profundo de mi. Ese pequeño respiro antes de la tempestad en el 4:49 me perseguiría el resto de mi vida. Al acabar el programa, rebobiné la cinta VHS donde había grabado el concierto y la volví a mirar y escuchar. Y otra vez. Y otra vez. Cogí mi guitarra. Paré la imagen. Copié la manera de poner los dedos en las cuerdas de Cobain. Dolía pero me daba igual. Por primera vez amé aquel dolor. La volví a escuchar y tocar. Y otra vez. Y otra. Y así, poco a poco, con todo el dolor y toda la sangre del mundo, me fui enamorando de mi primera guitarra y del dolor que te hace ser mejor.