Lieven y cómo empezó todo (parte 3)

Fue una noche de otoño de las que sobran tanto en Bélgica. Una lluvia imparable golpeando la ventana. Calles vacías. Y una pequeña estufa de gas incapaz de ganarle la batalla contra el frío. La noche parecía perdida, como tantas en esa época de melancolía estudiantil, hasta que en la radio anunciaron una canción de una banda nueva. Sparklehorse se llamaba. Y la canción era “Homecoming Queen”, de un disco que se llamaba “Vivadixiesubmarinetransmissionplot” (casi se ahoga el locutor). Fue escuchar esos deliciosos primeros acordes, y saber que ya nunca nada más sería igual. Que esa noche perdida había dado un tesoro que guardaría el resto de mi vida.
Dos años más tarde. Una tarde de verano de las que faltan tanto en Bélgica. Dos años había estado esperando nueva música del genio Mark Linkous. Dos años de escuchar “Homecoming Queen” y las otras joyas en endless repeat. El calor me había sacado las ganas de todo, y estaba zapeando sin destino. Hasta que de repente encontré uno de mis programas favoritos de la TV holandesa. Y allí estaba, Mark Linkous. Sentado en una silla rodeado de juguetes. Tocando lo que más había estado esperando: canciones nuevas. Grabé la sesión en VHS, y estaría mirándola un par de veces al día mínimo durante muchas semanas. Deseando la llegada del otoño, nuevas canciones y una lluvia para recordarla siempre.